A diferencia de muchas personas, Caperucita en Manhattan
nunca fue para mí una lectura obligatoria del colegio ni del instituto, de hecho,
tengo que reconocer que no escuché hablar de esta obra hasta mis años en la
Universidad.
Después de algún tiempo, por fin ha llegado a mis manos y la
he saboreado. Qué decir de ella… La prosa de la autora es inmejorable. Con ella
te transporta hasta Manhattan y te hace parte de la historia. Historia que, aunque
claramente y como su título indica, parte de los personajes y de la esencia del
cuento tradicional de Caperucita Roja de Perrault, la autora nos lleva a otra
dimensión.
Caperucita ahora se llama Sara Allen, tienen diez años, vive
en Brooklyn y quiere ser libre, añora la libertad. Nuestra Caperucita aparece como
un personaje que conserva la infancia propia de su edad, pero que, a la vez, sabe
ver mucho más allá. Se muestra valiente, segura y capaz de hacer lo que sea si
con ello logra alcanzar la libertad.
La abuelita creada por Carmen Martín Gaite no vive en una
casita en el bosque, sino en Brooklyn, se llama Rebeca, es una exestrella de
Hollywood un poco estrafalaria y para nada enferma.
De partida, el lobo mantiene su esencia al llamarse Míster
Edgar Woolf, pero, en este caso, se trata de un anciano inmensamente rico que lo
que quiere conseguir es la receta tradicional de una tarta de fresa, para lo
que utilizará a Sara. Por lo tanto, la Caperucita creada por Carmen Martín Gaite
no es el fin, sino el medio.
Entre sus personajes tengo que destacar también a Miss
Lunatic, sus enseñanzas a lo largo de la novela son merecedoras de una mención
especial. Algo que valoro mucho en cualquier lectura es que vaya dejando
mensajes en sus páginas, frases que te invitan a la reflexión; y, en este caso,
las de Miss Lunatic me han parecido exquisitas.
En cuanto a la temática, el eje central de la novela es la
libertad, aunque también están presentes otros como la familia y el feminismo.
Aunque la novela está catalogada como infantil-juvenil, para
mí es una lectura que desconoce de edades. Está llena de mensajes y de matices que
no creo que se puedan comprender a cualquier edad. Si bien puede leerse durante
la juventud, es recomendable leerla de nuevo pasados unos años, pues me atrevo
a decir que se descubrirán muchos aspectos que anteriormente habían pasado
desapercibidos.
Valoración: 5/5.

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